

El caso es que me pongo a hablar con la supervisora, que si tal que si cual, que si asi no puedo viajar que si las reglas de la companía, etc. Después de diez minutos explicándole el caso y a punto de pegarme un tiro, la tía accede. No sin un "como te deporten de vuelta mi jefe me corta el cuello". Facturo la maleta (con un sentimiento como si hubiera ganado la Eurocopa yo solito) y me largo de ahí cagando ostias, no vaya ser que cambie de opinión la mujer. Me despido con un "Señora, me voy a acordar de usted toda mi vida, gracias!" y antes de perderla de vista recibo un aviso en forma de "Yo si que me voy a acordar de ti toda la vida como te devuelvan!".
A los 10 minutos ya estoy sentado frente a mi puerta de embarque, con el billete para subir al avión entre mis manos. Lo que me ha costado el muy cabrón. Paso dos horas echando siestas y leyendo y por fín subo a un avión repleto de diecisieteañeros hiperexcitados. A las 17.00 piso suelo maltés y en un cuarto de hora ya estoy en la puerta del aeropuerto. Dios salve a la "supervisora".
Pero lo mejor llega ahora. Andando hacia la parada del autobus que me lleva al centro, empiezo a divisar una especie de trasto de los años 20 con un conductor que parece sacado de la época. Efectivamente, es mi autobus. Y para colmo resulta que aquí conducen por la izquierda.
Pago el billete (47 céntimos!) y me siento al fondo del bus. Menuda la que me espera. De camino a Valletta me doy cuenta que a parte de conducir por la izquierda, están jodidamente locos en la carretera. El paisaje tampoco es lo que te esperas: la carretera es un puto campo de agujeros y los edificios compiten en antigüedad con los buses. Llegando a la estación principal de Valletta me cago vivo. Yo que me creía que mi autobus era la excepción, pero esque son todos del estilo! Parece Cuba. Decido memorizar el momento y le hago una foto a uno de los buses (foto 1). Ahora ya véis que hablo en serio. Pregunto al jefe de estación cual es el que va para Msida (mi destino) pero creo que o está borracho o me habla en maltés (una mezcla curiosa de gitano, árabe e inglés), por lo que acabo buscando la línea por mi cuenta. En diez minutos ya estoy en Msida. Diez más y tengo localizada la escuela de inglés. Solo me falta comer algo (acabo en un BurgerKing...no me preguntéis el porqué) y encontrar algo baratito para sobar. Acabo en un hotel de 3 estrellas 20€/noche desayuno included. Después de ducharme y bendecir una cama salgo a dar una vuelta, no encuentro la zona de fiesta así que decido irme a dormir.
A la mañana siguiente tomo posesión de las llaves del apartamento. Llego, abro la puerta y me encuentro una chica en el salón que, a mi "Hello" me responde con un contundente "Hola". "Española? - Sí." Vale. Al final son dos gallegas de Pontevedra muy majas. Limpiamos un poco el piso (hacía falta), comemos y nos piramos a la playa con unos vecinos de Albacete y Ciudad Real (si, ya sé que de inglés poco).
Las playas aquí también tienen su peculiaridad. Y esque no hay. Bueno, son de roca (foto 2). Pero bueno.
Pasamos una tarde de risas y cogemos el bus de vuelta. El viaje en este bus lo voy a recordar toda mi vida, pero eso es una historia que os contaré cuando vuelva. De hecho, creo que es todo por hoy.
Solo añadiré que por la noche salimos todos (más dos chicas de Granada que conocimos en el bus de camino) por la zona de marcha. La verdad que es bastante peculiar pero tampoco es lo que cuentan.
Acabamos a las 6 de la mañana, comiendo 1/4 de pizza (por menos de ¡2 euros!) en una playa de arena artificial pegada a la zona de fiesta. Sobre las 7 ya estamos de vuelta en el piso. Tras sus 9 horas de sobar echamos la tarde en la playa de ayer, cenamos y creo que nos vamos a dar una vuelta.
Un abrazo pa' tos!
Nico




